En principio, pensaba iniciar este blog con las palabras "todo tiene un comienzo: comienzan los amores (buenos y malos), comienza el alfabeto, la serie numérica, los años, los cursos escolares, comienzan los encuentros deportivos y, en definitiva, todo tipo de encuentro o desencuentro". Está claro: todo, todo tiene un comienzo: mi existencia, las vacaciones, mis deseos, ¿tal vez el universo?, etc.

   Y digo que pensaba iniciar este blog de esa manera porque ahora, cuando tecleo, de repente, (¡oh,no!), vislumbro otro comienzo (¡maldita sea!): un comienzo que ponga en cuestión todos los comienzos. Y, en realidad, estoy pensando si algo, alguna vez, comienza... (y recuerdo a Parménides, al jonio "oscuro" y al estagirita).

  Y ya, apenas transcurridos unos segundos, en este "fiat lux" modestísimo, mínimo, vulgar y silencioso, hay también estremecimiento y pavor (como corresponde a un buen nacimiento). Otra vez estoy -en el fondo del fondo de todos los fondos -he de confesarlo-, horrorizado...

  Lo bello, lo sublime, lo misterioso, lo telúrico, lo irremediable, lo porvenir, lo imprevisible... ¡todo lo acepto! Allá vamos o iremos, donde nos lleve el azar o la meticulosa traza de una inteligencia inescrutable.

  ¡Ea, la andadura comience ya que nada podemos hacer contra nosotros mismos! Y que lo que ha de ser, sin ningún tipo de adjetivo, sea.